¿POR QUÉ VINO JESUCRISTO AL MUNDO?

CRUZ DE CRISTO

Cristo mismo nos dijo porqué vino al mundo. En Lucas 19:10 dijo: “Porque el hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” En otra ocasión dijo que el hijo del hombre vino “para dar su vida en rescate por muchos” (Mar.10:45).

El apóstol Pablo declaró claramente el porqué Cristo vino al mundo: “el Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos del presente siglo malo” (Gál.1:4). “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Tim.1:15). “Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Ti.2:14).

De estas declaraciones queda claro que el propósito de la muerte de Cristo fue:

  1. Para salvar un pueblo de sus pecados.
  2. Para librar un pueblo de este presente siglo malo.
  3. Para purificar y hacer santo a un pueblo.
  4. Para crear a un pueblo celoso de buenas obras.

Otros pasajes bíblicos explican lo que Cristo realmente logró en su muerte. Hay cinco cosas que podemos notar:

  1. Por la muerte de Cristo, un pueblo es reconciliado con Dios. (Rom.5:1)
  2. Por la muerte de Cristo, un pueblo es perdonado y justificado. (Rom.3:24)
  3. Por la muerte de Cristo, un pueblo es limpiado y hecho santo. (Heb.10:14, Ef.5:25-27)
  4. Por la muerte de Cristo, un pueblo es adoptado como hijos de Dios. (Gal.4:4-5)
  5. Por la muerte de Cristo, un pueblo es glorificado y recibe la vida eterna. (Heb.9:15) De toda esta evidencia la enseñanza bíblica está clara: La muerte de Cristo tenía la intención de traer a los hombres perdón ahora y la gloria venidera en el futuro; y realmente logra estas cosas.

Por lo tanto, si la muerte de Cristo fue para todos los hombres, entonces alguna de las siguientes cosas es cierta:

  1. Todos los hombres están librados del pecado, son perdonados y serán glorificados, o:
  2. Cristo ha fracasado en su propósito. Sabemos que la primera cosa no es cierta y la segunda consideración (que Cristo ha fracasado) es un insulto a Dios.

Para escapar del problema creado por aceptar alguna de esas dos sugerencias, los que afirman que Cristo murió por todos los hombres dicen que no fue el propósito de Dios que todos se beneficiaran de su muerte. Dicen que el beneficio es solamente para aquellos que producen la fe y creen en Cristo. Este acto de fe tiene que ser algo que algunos hombres hacen por sí mismos, haciéndose así diferentes de los demás. (Si la fe fuera algo obtenido por la muerte de Cristo, y si Cristo murió por todos los hombres, entonces todos los hombres tendrían fe). A mí me parece que tal sugerencia empequeñece lo que Cristo realmente logró por su muerte, por lo tanto me opondré a ella mostrando que lo que la Biblia enseña es muy diferente.

EL QUIÉN, EL CÓMO Y EL QUÉ DE UNA COSA

Hay tres palabras que usaremos mucho en este libro y nos ayudará mencionarlas ahora en breve. Cuando alguna acción toma lugar, hay un agente (Quién lo hace); hay un medio usado (Cómo se hace); y hay un fin en mente (el Qué o el resultado final).

Por ejemplo, nosotros escogemos cómo haremos algo (los me-dios) conforme a qué es lo que queremos lograr (el fin). Entonces podemos decir que el fin es la razón por los medios. Y si hemos escogido los medios correctos, el fin es cierto. Obviamente si el agente que se propone hacer algo, ha escogido lo medios correctos para hacerlo, entonces no puede fallar.

Ahora podemos aplicar estos principios a nuestra explicación del tema de este libro. Primero veremos quién es el agente que pretende redimirnos. Entonces veremos cuáles medios fueron usados para redimirnos. Y finalmente (en la parte dos de este libro) veremos cual fue el resultado de los medios usados. Según la Biblia el agente que propuso nuestra salvación, es el Dios Trino. Todas las otras agencias fueron solamente instrumentos en sus manos. (Hch.4:28). El agente principal es la Santa Trinidad. En seguida estudiaremos esto más detalladamente.

DIOS EL PADRE, EL AGENTE DE NUESTRA SALVACIÓN

Para contestar la pregunta ¿Cómo fue Dios el Padre el agente de nuestra salvación? Damos la respuesta en dos maneras: Fue el Padre quien envió al Hijo para que muriera, y fue el Padre quien castigó a Cristo por nuestros pecados. Podemos examinar estas dos cosas en forma más detallada.

Está claro de muchos textos bíblicos que el Padre envió al Hijo al mundo. Por ejemplo: “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. (Gál.4:4-5).El enviar al Hijo incluyó al Padre en tres cosas:

  • Primero, hubo el propósito original que siempre tuvo en mente. (1Pe.1:20).
  • Segundo, hubo el acto de darle al Hijo todas las capacidades necesarias para la obra que fue enviado a realizar. (Jn.3:34-35) (Como el Hijo de Dios, ya estaba perfecto en su deidad, pero como el Hijo del hombre le fueron concedidos los dones necesarios.).
  • Tercero, hubo el acto de prometerle al Hijo toda la ayuda necesaria para asegurar el éxito de su obra. (Is. 53:10-12, Sal.2, Jn.17).

Está claro de muchos textos de la Biblia que el Padre castigó a Cristo Jesús por nuestros pecados. Por ejemplo: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor.5:21). Podemos decir que Cristo sufrió y murió en lugar de nosotros. Siendo esto cierto, ¿No es extraño que Cristo sufriera en lugar de los que sufrirán por sus propios pecados? Podemos plantear el asunto de la siguiente manera:

  • Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres
  • Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres
  • Cristo murió por algunos pecados de todos los hombres.

Si la última declaración es cierta, entonces todos los hombres han sido dejados todavía con algunos pecados y nadie será salvo.

Si la primera declaración es la verdad, entonces ¿Por qué no son librados todos los hombres del pecado? Si alguien responde que es a causa de su incredulidad, entonces yo pregunto, ¿La incredulidad no es un pecado? Si no es un pecado, entonces ¿por qué son castigados los hombres por ser incrédulos? Si es un pecado, entonces tiene que ser incluido entre los pecados por los cuales Cristo murió. Entonces la primera declaración no es cierta.

Queda claro entonces que la única posibilidad que permanece, es que Cristo sufrió por todos los pecados de algunos hombres. Es decir, solamente por los pecados de los elegidos.

DIOS EL HIJO, EL AGENTE DE NUESTRA SALVACIÓN

Puesto que Dios el Hijo acordó voluntariamente hacer lo que el Padre planeó, podemos decir que El también fue un agente en nuestra salvación. Jesús dijo: “mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra” (Jn.4:34). Hay tres maneras en que Cristo demostró su voluntad de ser un agente de nuestra salvación:

  1. Estuvo dispuesto a dejar la gloria de su naturaleza divina y aparecer como un hombre. “Así que por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, El también participó de lo mismo” (He.2:14). Nótese que no dice que El hizo esto porque toda la raza humana estaba compuesta de carne y sangre, sino más bien porque “los hijos que Dios me dio” (He.2:13)fueron humanos. Entonces su voluntad dispuesta fue en relación con aquellos hijos, y no para toda la raza humana.
  2. Estuvo dispuesto a darse a sí mismo como una ofrenda. Es cierto que Cristo sufrió muchas cosas en una forma pasiva. No obstante es también cierto, que se dio a sí mismo activa y voluntariamente a esos sufrimientos. Sin su consentimiento voluntario, estos sufrimientos no habrían tenido valor alguno. Así El podía decir verdaderamente: “Por esto me ama el Padre, porque yo pongo mi vida… nadie me la quita sino que yo de mi mismo la pongo” (Jn.10:17-18).
  3. Sus oraciones a favor de sus hijos demuestran su deseo de ser un agente en su salvación. Ahora, Cristo ha entrado al lugar santísimo en el cielo (He.9:11-12). Su obra ahí es la de un intercesor. Fíjense que no ora por el mundo (Jn.17:9), sino por aquellos por quienes murió (Rom.8:34). Pide que aquellos que le han sido dados, vengan a donde El está y vean su gloria (Jn.17:24). Entonces está claro que no pudo haber muerto por todos los hombres.

DIOS EL ESPÍRITU, EL AGENTE DE NUESTRA SALVACIÓN

La Biblia habla de tres cosas en las cuales el Espíritu Santo obra con el Padre y con el Hijo para redimirnos. Estas actividades muestran que el Espíritu Santo es también un agente en nuestra salvación.

  1. El cuerpo humano que Cristo tomó cuando se hizo hombre fue creado por el Espíritu Santo en la matriz de María “y se halló que había concebido del Espíritu Santo” (Mt.1:18).
  2. La Biblia dice que cuando Cristo se ofreció a sí mismo como un sacrificio, que lo hizo por el Espíritu Santo. “Cristo el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (He.9:14). Aquí está claro que el Espíritu Santo fue en alguna manera el instrumento que hizo posible la ofrenda de Cristo.
  3. Hay declaraciones también en la Escritura que muestran que la obra de levantar a Cristo de los muertos fue la obra del Espíritu Santo. “Siendo a la verdad muerto en la carne pero vivificado en espíritu” (1 Pe.3:18).

No hay duda de que el Espíritu Santo hizo cosas importantes al cooperar con el Padre y con el Hijo en el propósito de nuestra redención.

Hemos visto que cada persona de la Trinidad puede ser llamada un agente de nuestra salvación. Es importante guardar en mente que, aunque para el propósito de nuestro estudio hemos distinguido entre la obra de cada persona divina, sin embargo no son en verdad tres agentes en nuestra salvación, sino solo uno porque Dios es uno. Entonces, podemos decir que la Trinidad completa es el agente de nuestra redención.

LA OBRA DE CRISTO ES EL MEDIO USADO PARA OBTENER NUESTRA SALVACIÓN

Como ya vimos en el capítulo dos, el agente que hace algo usa ciertos medios para conseguir el fin particular que tiene en mente. En la obra particular de nuestra salvación hay dos acciones específicas que Cristo ha realizado. (Aquí no estoy tratando con el plan que ocurrió en la eternidad, que hizo que nuestra salvación fuera posible, sino solo con la realización del plan en la historia.)Los dos hechos históricos de Cristo son:

  1. El ofrecerse a sí mismo en el pasado.
  2. Su intercesión por nosotros ahora. En el ofrecimiento de sí mismo se incluye todo lo que estaba involucrado en su venida para morir: El despojarse a sí mismo de su gloria celestial, el ser nacido de mujer, su humillación y obediencia a la voluntad del Padre a lo largo de su vida y su muerte en la cruz.

Y también en la intercesión de Cristo por nosotros se incluye su resurrección y su ascensión, puesto que estas son la base de ella. Sin estas, la intercesión no sería posible. Veremos estas dos cosas con más detalle en el próximo capítulo, pero quiero hacer algunos comentarios ahora. Estos dos hechos tienen la misma intención. El ofrecimiento y la intercesión son con el propósito de “llevar muchos hijos a la gloria” (He.2:10). Los beneficios propuestos por estos dos hechos son para las mismas personas; Cristo ora por aquellos por quienes El murió (Jn.17:9).Sabemos que su intercesión es eficaz; “Yo sabía que siempre me oyes”, dijo Cristo en Juan 11:41.Por consiguiente, todos aquellos por quienes el murió, tienen que recibir todas las cosas buenas obtenidas por su muerte. Y esto a su vez, destruye la enseñanza de que Cristo murió por todos los hombres.

EL SACRIFICIO DE CRISTO Y SU INTERCESIÓN SON EL ÚNICO MEDIO PARA REALIZAR NUESTRA REDENCIÓN

Es importante notar que en las Escrituras, el sacrificio de Cristo y su intercesión están vinculados. Por ejemplo:

  1. Cristo justifica a aquellos cuyas iniquidades El llevó (Is.53:11).
  2. Cristo intercede por aquellos cuyos pecados El llevó (Is.53:12).
  3. Cristo fue resucitado de entre los muertos para justificar a aquellos por quienes El murió(Rom.4:25).
  4. Cristo murió por los elegidos de Dios y ahora ora a favor de ellos
  5. (Rom.8:33-34).

Por consiguiente, es obvio que Cristo no pudo haber muerto por todos los hombres; porque si lo hubiera hecho, entonces todos los hombres serían justificados, cosa que evidentemente no existe.

Sacrificar e interceder son dos deberes de un sacerdote. Si el sacerdote fracasa en alguno de ellos, entonces falla en su fidelidad como sacerdote a favor de su pueblo. Jesucristo es señalado tanto como nuestra propiciación (sacrificio), como también nuestro abogado (representante). (1 Jn.2:1-2) La Biblia habla de El como ofreciendo su sangre (He.9:11-14) y también como intercediendo por nosotros (He.7:25). Puesto que El es un sacerdote fiel, tiene que realizar ambos deberes perfectamente. Así dado que sus oraciones siempre son escuchadas, no puede estar intercediendo por todos los hombres porque no todos son salvados. Por lo tanto, debe estar claro que no pudo haber muerto por todos los hombres tampoco.

Siempre debemos acordarnos de la manera en que Cristo intercede ahora por nosotros. La Escritura dice que es por medio de presentar su sangre en el cielo. (Heb.9:11,12,24) En otras palabras el intercede presentando sus sufrimientos al Padre. Por lo tanto, los dos actos, sufrimiento e intercesión deben estar relacionados con las mismas personas, de otro modo sería en vano usar el uno como la base del otro.

Cristo mismo une su muerte y su intercesión como el único me-dio de nuestra redención en su oración en Juan 17. En esta oración se refiere al ofrecimiento de sí mismo en la muerte y ora por los suyos, los que el Padre le había dado. Nosotros no podemos separar estos dos actos puesto que Cristo mismo los une. El uno sin el otro sería inútil de todas maneras, como Pablo lo argumenta: “si Cristo no resucitó, (y por lo tanto no estaría intercediendo) vuestra fe es vana; y aún estáis en vuestros pecados” (1Cor.15:17).

Entonces no hay ninguna seguridad de salvación para nosotros si separamos la muerte de Cristo de su intercesión. ¿De que serviría decir que Cristo murió por mí en el pasado, si no intercede por mí en el presente? Somos salvos de la condenación de nuestros pecados sólo si Cristo nos justifica ahora. Yo podría ser condenado todavía si Cristo no rogara ahora por mí. Así, está claro que su intercesión debe ser por las mismas personas por quienes El murió y por lo tanto, no podría haber muerto por todos.

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Autor: John Owen (Puritano inglés). Traducido por Sneider Ferreira.

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