EL PASTORADO FEMENINO NO ES BÍBLICO

puede la mujer ser pastora

A menudo los creyentes que creen que el “pastorado femenino” es bíblico, confunden el oficio de “pastor”, “presbitero”, “anciano” y “obispo” que estuvo ordenado para varones (cabezas de hogar), y que en las cartas paulinas se mencionan “requisitos” para dicho nombramiento y ordenación; con algunas acciones sobresalientes y heroicas de mujeres tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Por ejemplo, casi siempre que se debate sobre el asunto, traen como ejemplos a Débora, profetiza y jueza de Israel en la época de los “jueces”; época en la que el mismo autor del libro de los Jueces dice “En esos días, Israel no tenía rey; cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio.” (17.6 y 21.25 NTV).

También mencionan a Esther, la reina que sustituyó a Vasti. En el Nuevo Testamento mencionan a Priscila, Lidia, Febe, Dorkas, etc.

El asunto aquí es que si bien es cierto todas las mujeres mencionadas en las Escrituras que hicieron notables proezas, y que son dignas de mención e imitación como lo hace el autor de Hebreos: “Hubo mujeres que recibieron otra vez con vida a sus seres queridos que habían muerto.” (11.35 NTV); no hay registro alguno de que hayan sido “ordenadas” como pastoras.

No vemos ejemplos en la Biblia ni en los registros históricos de la Iglesia, a mujeres que hayan sido ORDENADAS para el oficio pastoral, no vemos en el Antiguo Pacto mujeres sacerdotisas ofreciendo sacrificios, quemando incienso, manteniendo encendido el fuego del candelabro, derramando libaciones, circuncidando niños, administrando bautismos, ni enseñando la Ley de Moisés. Tampoco en el Nuevo Pacto vemos mujeres oficiando la Cena del Señor, Administrando el Bautismo, Encargadas del Ministerio de la Palabra, ni dirigiendo una iglesia local.

Entonces, vemos que el problema en muchos es que se desconoce la Neotestamentaria práctica de la “ordenación” de ancianos y obispos al ministerio. Hoy en día, cada quien se autodenomina “pastor” o “pastora”, sin que una iglesia respalde su llamado y sin un presbiterio ordenándolo al santo ministerio. Y en las iglesias que se “ordenan pastoras” al ministerio” respetamos su práctica pero lamentamos que lo haga pasándose por encima de las Sagradas Escrituras.

Si usted cree que todas las mujeres sobresalientes y heroínas de la Biblia merecen ser imitadas, hágalo. Pero no diga que usted se convertirá en “pastora” porque siente de parte de Dios que debe levantarse como una “Débora”. Ni Débora, ni Esther, ni otra mujer en la Biblia fueron “pastoras”.

¡Pensemos en esto!

Autor: Jesús Paredes.

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