¿CÓMO ORAR POR LOS PERDIDOS?

orar por los perdidos

Que un pastor, un maestro, o un evangelista, insten a orar por los perdidos, es algo absolutamente bíblico, porque si bien es cierto que la salvación de las personas no depende de ninguna eventualidad humana, sino solo del propósito eterno de Dios, no es menos cierto que tanto la oración como la respuesta a la oración, esta todo maravillosa e incomprensiblemente en el eterno propósito de Dios.

Ahora que alguien enseñe que la salvación de las personas, depende de nuestras oraciones, eso ya constituye una grave desviación de la verdad, que deja la puerta abierta a todo tipo de manipulación de las Escrituras.

Constituye una desviación de la verdad, porque ya no es la elección soberana de Dios quien determinó quienes serían sus vasos de misericordia (Romanos 9:23), ya no sería el puro afecto de la voluntad divina lo que determinó quienes serían predestinados a ser adoptados como hijos de Dios (Efesios 1:5), sino la mucha o poca persistencia en la oración de sus criaturas. Es decir el centro de todo pasa a ser el hombre y no la soberanía de Dios.

El daño que este tipo de falsas doctrinas infringe a la verdad desfigurándola y oscureciéndola, está fuera de toda estimación. Pero también hace daño a los redimidos, porque les sume en la incertidumbre de que el destino eterno de las personas depende de cuánto oremos por la salvación de esas personas.

Creo que bastaría un ejemplo bíblico para darnos cuenta de cuan alejados de la verdad están todos estos ministros que enseñan que la salvación de los perdidos, depende de la mucha o poca intensidad con la que oremos.

Jonás un hombre que fue usado como instrumento para la salvación de dos millones de ninivitas, luego de cumplida su misión se apesadumbró porque Dios había salvado a esos ninivitas a quienes él consideraba como una amenaza para su nación (Jonás 4:1-2). Está claro que no fue la carga espiritual de Jonás lo que determinó la salvación de esas personas sino el propósito soberano de Dios que las escogió y las atrajo hacia sus caminos (Salmo 65:4).

Concluimos, que nuestra más grande responsabilidad como Iglesia de Jesucristo, es predicar a todos a cuantos tengamos la oportunidad de hacerlo, porque precisamente eso es a lo que se nos ha llamado (1 de Pedro 2:9).

Y asumir esa responsabilidad inexorablemente nos llevara a orar en todo tiempo con toda oración y suplica (Efesios 6:20) porque es absolutamente imposible hacer las obras de Dios en nuestra fuerzas o con nuestras capacidades, por cuanto estamos inmersos en un conflicto con las tinieblas, del que solo podremos salir victoriosos si usamos las armas espirituales que Dios ha destinado para sus hijos, que son La Palabra y la Oración.

Autor: Daniel Nicolás Pastore.

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