¿CÓMO ES LA IGLESIA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS?

iglesias sin cristo

Lujos exagerados, extravagancia, auto-indulgencia, adoración a las riquezas, idolatría a la moda y a las diversiones, son tristes marcas de nuestro tiempo.

Con toda nuestra apariencia exterior de la religión, ¿hay algún aumento proporcional de la realidad interna?

Con todo este inmenso crecimiento externo del cristianismo, ¿hay algún crecimiento correspondiente a la vida de piedad? ¿Hay más fe, arrepentimiento y santidad entre los fieles de nuestras iglesias? ¿Hay más de esa fe salvadora sin la cual no se puede agradar a Dios; más de ese arrepentimiento para salvación sin la cual el hombre debe perecer y más de esa santidad sin la cual nadie verá al Señor? ¿Es nuestro Señor Jesús más conocido, confiable, amado y obedecido por nosotros?

¿Es la obra interna del Espíritu Santo más realizada y experimentada en su pueblo? ¿Son las grandes doctrinas de la Justificación, Conversión y Santificación completamente atesoradas y bien estimadas por nuestras congregaciones?

¿Hay más lectura devocional de la Biblia, más oración devocional, más abnegación, más mortificación de la carne, más mansedumbre, humildad y generosidad? En otras palabras, ¿Hay mas religión en nuestros hogares así como en los otros aspectos de la vida? Aquí hay preguntas muy serias, y desearía recibir repuestas muy satisfactorias. A veces temo que hay una enorme cantidad de falsedad y de cosas imaginarias en gran parte de la religión de nuestros días y que si es pesada en la balanza de Dios se encontraría terriblemente deficiente.

Pero después de todo, debemos recordar que esto está escrito, “La gente se fija en las apariencias, pero el Señor mira el corazón”. La gran cabeza de la iglesia ha dicho: “Este pueblo me sirve de palabra y me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí”.

Además ha dicho “los que de verdad adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. Pues el Padre quiere que así lo hagan los que le adoran”. Si hay una cosa claramente enseñada en la palabra de Dios, es la absoluta inutilidad de la adoración formal exterior, sin embargo hermosamente llevada a cabo, cuando el corazón de los adoradores es recto a la vista de Dios. Supongo que el templo en los días que nuestro Señor Jesucristo estuvo en la tierra fue tan bello y perfectamente construido como fuera posible.

Tengo pocas dudas de que la música, el canto, la oración, la vestimenta de los sacerdotes, los gestos, las posturas, la regularidad y la puntualidad de observancia ceremonial, el mantenimiento de las fiestas y ayunos, eran toda la perfección misma, y no había nada de anomalías o defectos. Pero, ¿dónde estaba la verdadera religión de salvación en aquellos días?, ¿Cuál era la piedad interior de hombres como Anás y Caifás y sus compañeros? ¿Cual era el nivel de vida promedio de los feroces fanáticos de la ley de Moisés que crucificaron al Señor de Gloria? Ustedes saben como yo que hay solo una respuesta.

La iglesia judía entera, con todos sus magníficos rituales, no era más que un gran sepulcro blanqueado, bello por fuera pero totalmente corrupto y podrido por dentro. En resumen, la Iglesia judía estaba destinada por Dios para ser un faro a toda la cristiandad, y estoy convencido que estos son días en los cuales estas lecciones no deben ser olvidadas.

No debemos contentarnos con lo que los hombres llaman servicios “brillantes y sinceros” y con la frecuente administración de la Cena del Señor. Debemos de recordar que esto no constituye la religión completa, y que no hay cristianismo valioso a los ojos de Dios, que no influya en los corazones, las conciencias y en las vidas de aquellos que lo profesan.

No siempre es en la iglesia o congregación donde se tiene el mejor canto y la mejor música, donde los jóvenes dicen “Que hermoso estuvo”, donde Dios toma su mayor placer. Es en la iglesia donde está la presencia de Jesucristo y del Espíritu Santo, y es en la congregación donde los corazones están humillados y los espíritus están contritos.

Si nuestros ojos fueran abiertos para ver las cosas invisibles, como los ojos del siervo de Eliseo, podríamos descubrir para nuestra sorpresa que hay más presencia del Rey de Reyes, y consecuentemente más bendición en algunos humildes cuartos sin adornos de misiones donde el Evangelio es fielmente predicado, que en algunas de las grandes iglesias de la tierra.

No hay nada como probar los sistemas por sus resultados. Permitámonos preguntar tranquilamente si ha habido algún aumento de la liberalidad cristiana y de la mentalidad espiritual en la tierra, en proporción con el aumento enorme de atención al culto externo. Me temo que la respuesta será muy insatisfactoria.

En muchos casos, el dinero dado por una congregación para ayudar a las misiones en el país y en el extranjero, y a promover la obra directa para la salvación de las almas, se encontraría absurda, fuera de proporción con respecto al dinero gastado para organizar: coros, eventos, flores y decoración en general. ¿Puede ser esto verdad? ¿Y es este un estado saludable de las cosas? ¿La contribución anual de dinero con fines religiosos a lo largo de Inglaterra y Gales, en estos días de enorme aumento de la riqueza, no guarda ninguna proporción con el gasto enorme en las carreras, caza, tiro, vela, entretenimientos elaborados, la moda, el baile, y todo lo que corresponde al rubro de recreación? Sin embargo, ¡todo esto sucede de cara a un inmenso aumento de la religión externa! puedo pensar que esto no es un síntoma de una condición saludable.

Nunca olvidaré lo que un clérigo norteamericano me dijo hace no mucho tiempo, cuando le pregunté acerca de la situación de la iglesia al volver a visitar Inglaterra después de una ausencia de diez años. El me respondió que aunque vio una gran mejoría de la música, canto, y la religión ceremonial en nuestro culto público, no podía ver el más mínimo aumento, sino más bien una disminución de la verdadera religión entre nuestros fieles. Tengo una dolorosa sospecha de que esta persona no estaba tan equivocada.

LA PREDICACIÓN PURA DE LA PALABRA DE DIOS ES LA PRIMERA MARCA DE UNA IGLESIA SALUDABLE

Es la sana doctrina enseñada y predicada, y no el ritual, la que en cada época el Espíritu Santo ha usado para despertar el sueño de la conciencia humana para la construcción de la causa de Cristo, y la salvación de las almas. Las cuevas, cavernas y aposentos en los que la iglesia primitiva se reunía eran sin duda muy áspera y sin ornato. No tenían madera tallada o piedra, ni vitrales, ni vestiduras costosas, ni órganos, ni ningún coro vestidos con togas. Pero estos primeros cristianos fueron personas que “pusieron el mundo al revés” y no tengo duda que sus lugares de adoración fueron mucho más honorables a los ojos de Dios. Es autentico y justo decir que en aquellos primeros días “La iglesia tenía vasos de comunión de madera-pero ministros de oro” y esto fue lo que le dio poder a la iglesia primitiva. Y cuando la religión empezó a decaer, la situación se invirtió; el ministro se volvió de madera – y la vajilla utilizada en la comunión se volvió de oro.

Quiero que en el siglo XIX la iglesia de Inglaterra todo sea de oro. Espero que en todo lugar haya ministros de oro, adoración de oro, predicación de oro, oraciones de oro, y alabanzas de oro. Quiero que todas la cosas al servicio de Dios sean perfectamente realizadas como sea posible, y no de manera descuidada, sin consideración, o realizadas fríamente.

Amados hermanos les encargo encarecidamente tener este objetivo: que los mejores, brillantes y más cordiales servicios de adoración siempre sean acompañados de los mejores sermones que sus mentes puedan producir y sus lenguas entregar. Dejen que sus sermones sean dirigidos por la sangre de Cristo, la meditación y la intercesión; el amor de Cristo, su poder y su voluntad para salvar.

La obra real del Espíritu Santo, arrepentimiento, fe y santidad nunca deben faltar para ser sermones llenos de vida, fuego y poder. Sermones que pongan a pensar a quienes los escuchan, y los hagan que al regresar a casa oren. Entonces, y sólo entonces la Iglesia tendrá su justa influencia, y Dios abrirá las ventanas de los cielos y nos dará una bendición.

Los mejores y más elaboradas servicios son únicamente medios para un fin, y ese fin debe ser la salvación de almas. Y estos no han sido hechos para que la gente oiga hermosa música y bellos cantos, y observe un magnifico ritual. ¿Serán mejores sus conciencias y sus corazones? ¿Será el pecado más aborrecible? ¿Sera Cristo más precioso? ¿Sera la santidad más anhelada? ¿Estarán cada vez más preparados para la muerte, el juicio, y la eternidad cada semana que viven?

Estos son los grandes fines que cada Pastor debe poner delante de él en cada servicio que se lleva a cabo. Para llevarlos a cabo, debe de recordar: que Dios todo lo ve, el sonido de la final trompeta, la resurrección y el juicio final; y no el pensamiento mezquino: “¿mi servicio es brillante, sincero y bien hecho?”. Que estos puedan ser cada vez más los objetivos de cada pastor el día de hoy. Es mi más ferviente oración.

Autor: J.C. Ryle.

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