¿CÓMO SE PRODUCE UN AVIVAMIENTO?

avivamiento ccristiano

Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas.(Is.44:3-4).

Estas palabras describen un tiempo de refrigerio. No hay ningunas otras palabras en toda la Biblia que han estado más a menudo en mi corazón o en mi lengua desde que empecé mi ministerio. Aunque Dios nunca me ha dejado sin alguna muestra de su Presencia, Él todavía no ha cumplido esta promesa. La he tomado hoy a fin de que la consideremos más plenamente y pedirla más intensamente delante de Dios.

DIOS ES EL AUTOR DE LA OBRA DE GRACIA.

Es Dios quien comienza a convencer a las almas muertas de su condición espiritual. Como encontramos en (Zac.12:10). “Derramaré…un espíritu de gracia y de suplica; y miraran a mí, a quien traspasaron y lloraran”. De igual manera esta es la promesa en (Jn.16:8-9). “Y cuando Él venga, convencer a al mundo de pecado, de justicia, y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí…” Si cualquiera de ustedes han sido despertados a preocuparse acerca de su alma, Dios  solo lo ha hecho. De la misma manera si nosotros hemos de ver un tiempo de avivamiento extendido que cause a la gente joven y a los ancianos a clamar ¿Que tengo que hacer para ser salvo? Dios tendrá que derramar de su Espíritu.

Es Dios el que lleva acabo la obra. Él guía el despertar de las a personas a Cristo. Otra vez, Juan describe la función del Espíritu Santo. “Él les convencerá al mundo…de justicia “(Jn.16:8). Si un día vamos a ver a multitudes de almas volando como nubes para Jesucristo. Si hemos de ver a los padres regocijándose sobre sus hijos, esposos regocijándose por sus esposas y esposas regocijándose por sus esposos—Dios derramará de su Espíritu. Él es El autor y que termina la obra de gracia (Fil.1:6).

Es Dios quien agranda a su pueblo. Recuerden como los arboles de olivo suplían a los candeleros de oro con aceite en Zacarías 4—”ellos mismos vertían su aceite” (Zac.4: 12). Si hay poco aceite, las lámparas alumbrarán tenuemente, pero si las lámparas tienen mucho aceite alumbrarán con gran resplandor. Si alguna vez veremos a los hijos de Dios llenos de gozo y creciendo como sauces al lado de agua, Dios derramará de su Espíritu. Él cumplirá su Palabra, y Él ha prometido que Él es el Alfa y la Omega, Él autor y consumador de la obra de gracia

Porque Dios es Él autor de gracia, tenemos que ver más allá como ministros de la obra de gracia. Dios ha dado mucho honor a sus ministros, pero no el poder de derramar de su propio Espíritu. Él guarda eso en su propia su mano. No por fuerza, ni con poder, sino con mi Espíritu, dice Jehova de los ejércitos (Zac.4:6). Tendríamos poco esperanza si la obra de gracia dependiera de ministros, ¿porque donde están los hombres de poder ahora? Dios es capaz de mandar su Espíritu hoy como lo hizo en el día de Pentecostés, pero la gente está enfocada en los ministros, y no en Dios. Mientras la gente vea a los ministros, Dios no puede mandar un derramamiento de su Espíritu porque entonces dirían que vino del hombre.

¡Dejemos de mirar al hombre! Uno pensaría que a estas alturas estaríamos humillados en el polvo. ¿En cuántas Iglesias ha Dios levantado al remanente fiel quien incesantemente ha alertado a todos con lagrimas? Y todavía los cielos están como el bronce y la tierra como el hierro. No pongas tu mirada en el hombre, sino en Dios. Entonces, Él va a enviar el fluir de su Espíritu y de Él será toda la gloria

Porque los tiempos de avivamiento vienen de Dios, tenemos una buena razón por cual orar por ellos. Muchas de las veces estamos predicando para que otros despierten, pero debemos de concentrarnos, aun mas en la oración. La oración es más poderosa que la predicación. Es la oración la que le da a la predicación todo el poder.

Yo observo que hay unos cristianos que están muy prestos para censurar ministros y quejarse de su predicación, de su frialdad, y de su infidelidad. ¡Que Dios no permita que yo alguna vez defienda la falta de vida en el embajador de Cristo! Pero la culpa de infidelidad está en la falta de oración constante y fiel. Aun las manos de Moisés se hubieran caído si no hubieran sido levantadas por su gente llena de fe. Vengan entonces, ustedes luchadores con Dios—luchen con Dios hasta que Él cumpla su palabra.

Dios comienza su obra con almas sedientas, vagabundos en dificultades. Estos son muy a menudo las almas que han estado bajo la mano fuerte de Dios por largo tiempo. Dios los ha guiado a dificultades pero no a paz. Él los ha llevado al desierto, y allí han vagado en búsqueda de aguas vivas pero no las encuentran. Ellos van de cisterna en cisterna buscando una gota de agua para refrescar su lengua, y de ministro en ministro abriendo sus bocas y buscando ansiosamente, sin embargo ellos no encuentran paz. Estas son almas sedientas.

Ahora, es este un dulce pensamiento que Dios comienza a poner a personas como estas: Yo derramaré aguas sobre el sediento (Isa.44:3). La Biblia entera nos muestra que Dios tiene ternura peculiar para aquellos que están sedientos. Cristo, quien es la imagen exacta de Dios, tiene compasión en aquellos que son débiles. “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar” (Mt.11:28). “Si alguno tiene sed, venga a mi y  beba” (Jn. 7:37).

Muchas de las sanidades de Jesús eran con la intención de ganar el corazón de las almas cargadas. La mujer que gasto todo lo que tenía en otros doctores y quien estuvo peor en vez de mejorar, poco después toco el borde de su manto luego fue hecha nueva (Lc.8:43-44). Otra estaba jorobada por 18 años pero Jesús puso sus manos sobre ella, y inmediatamente fue enderezada (Lc.13:13).

¡Oh pecador cansado, esto es lo que Jesús quiere hacer por ti! Solamente aprende que tienes que venir de su mano. Has tratado otros médicos en vano. Te pondrás peor en vez de mejor. En lugar de ello, espera en El. Arrodíllate y adórale a Él, diciendo, “Señor, ayúdame.”Por un largo tiempo de refrigerio es que almas cansadas son llevadas a tener paz. ¡Levántate y suplica con Dios, que Él cumpla su Palabra!

Creyentes sedientos. Todo creyente debería de estar sediento pero pocos lo están. Aquellos que están genuinamente sedientos por la Palabra. Cuando dos viajeros atraviesan el desierto, puedes saber quien esta sediento notando quien siempre busca las cisternas. Creyentes sedientos aman leer la Palabra y escucharla predicada. Ellos tienen más y más sed.

¿Eres uno de ellos, amado creyente? Es un signo temeroso ver poca sed en los hijos de Dios. Yo no me extraño cuando el mundo se queda alejado de nuestras reuniones alrededor de la Palabra y de la oración, pero cuando los creyentes profesantes son los que se alejan, mi alma llora por el orgullo de la iglesia. Dios conceda que no tengamos escasez de la Palabra por largo tiempo.

La sed guiara a creyentes a unirse en oración, que es la cisterna donde se encuentra el agua viva. Si tu ciudad estuviera en desesperada necesidad de agua ¿no te reunirías con otro para excavar cisternas? Aun, ahora nuestras ciudades están en mucha necesidad de gracia. Las almas se están perdiendo por la falta de gracia, y ustedes mismos están languideciendo. ¡Oh,reúnanse para orar!

La sed será evidente en si misma en un deseo de crecer en gracia. Unas personas están muy relajadas cuando vienen a Cristo. Ellos se sientan para atrás como si fuera una silla de comodidad. Ellos no piden o desean más. Esto no debe ser así. Si eres un creyente sediento, buscaras salvación tan tomás que antes de tu conversión. “Olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que esta delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Flp. 3:13-14).

Que Dios derrame corrientes sobre la tierra seca. La tierra seca representa aquellos que están muertos en sus transgresiones, delitos, y pecados, así como se ve la tierra en un verano seco toda árida y reseca. La tierra seca no le pide a las nubes que llueva. Así es con la mayoría en nuestras Iglesias: están todos muertos y secos, resecos y marchitados, sin ninguna oración para recibir la gracia o sin el deseo de ella. Sin embargo Dios dice, “Yo derramaré aguas sobre ellos.”

LAS SEÑALES DE SEQUÍA  ABUNDAN EN LA IGLESIA:

Ellos no oran. Yo creo que hay muchos en nuestras iglesias quienes nunca derraman su corazón delante de Dios. Muchos están cayendo en el infierno porque nunca dijeron: “Dios ten misericordia de mi, que soy un pecador.”Estos son la tierra seca. Es triste pensar que las almas que están mas cerca del infierno son las almas que nunca oran para ser libradas del mismo infierno.

Ellos no desean una obra de gracia en sus almas. Yo creo que muchos de ustedes que van regularmente a la casa de Dios que prefieren perder casa, vivienda, y amigos, que tener la obra de gracia en su corazón. Tú amas la muerte. Nada te aterroriza más que la idea que Dios te haga un cristiano que ora. ¡Tú eres la tierra seca!

Aquellos que no escuchan la palabra predicada. He escuchado de gente bajo convicción profunda de pecado declarar que nunca realmente escucharon un sermón en sus vidas hasta que sus conciencias fueron despertadas. Durante cada sermón, estaban preocupados con otros pensamientos. Yo creo que es así de la misma manera son muchos de ustedes. ¡Ustedes son la tierra seca!

¿Qué derramaré Dios sobre ti? ¡En lugar de torrentes de ira, El derramará inundaciones de gracia, torrentes de su Espíritu, torrentes de bendición

¡Cristianos, nosotros debemos ser los primeros en gemir por un avivamiento! La propia Palabra de Dios nos anima que oremos por un derramamiento. El pone las palabras en nuestras bocas. Por lo tanto, no pidas gotas cuando Dios ofrece un diluvio. Mejor, abre tu boca, y “Yo la llenare” (Sal.81:10).

DIOS CAUSA NUEVA VIDA Y PROSPERIDAD ESPIRITUAL

Las almas salvadas serán como la hierba. En el presente el pueblo de Cristo es como un solo lirio entre muchas espinas, pero en un tiempo de gracia serán como la abundan te hierba. Cuenta las hojas de hierba que nacen con el sol después de la lluvia; así serán las muchas almas para Cristo. Cuenta las gotas del rocío de la mañana y las estrellas que brillan en la noche, así será el pueblo de Cristo en el día de su poder. ¡Oh, ora para un derramamiento de su Espíritu, ustedes hombres de oración, que sean muchos los que se levanten en nuestros días para llamarle Santo!

Los creyentes crecerán como sauces. No hay nada más angustiador en nuestros días que la falta de crecimiento en medio de los hijos de Dios. No parecen que están avanzando hacia adelante o corriendo una carrera. Cuando compares este año con el otro, ¿donde está la diferencia? La misma debilidad y frialdad han persistido. Temo que hay grande indolencia y pereza para las cosas divinas.

¡Oh, que diferente es la descripción de los santos en el Nuevo Testamento cuando el Espíritu era derramado! Eran como un sauce que crece de día y de noche y que nunca deja de dar nuevas ramas. Si lo cortas vuelven a nacer. Así lo hicieran, ustedes amados cristianos, nacer si hubiera un derramamiento del Espíritu en nuestros días. Entonces no te importaran las cosas materiales, en su lugar estarán la oración y alabanza. ¡Tú experimentaras un cambio constante en tu corazón, victoria sobre el mundo, el Diablo, y la carne! Aun en medio de la aflicción, tú crecerías en dulce sumisión, humildad, y mansedumbre.

La propia dedicación. Uno dirá, “Yo soy del Señor (Is.44:5). No hay mayor alegría para el alma de un creyente que entregarse toda a Dios. Así siempre ha sido en los tiempos de refrigerio. Fue así como sucedió en Pentecostés, primero se dieron asímismos al Señor, también fue así con Jonathan Edwards y todos los santos de la antigüedad.

Edwards decía: “Tengo este día delante de Dios, y me doy a mí mismo, con todo lo que soy y tengo a Dios, así que ya no me pertenezco a mí mismo. No puedo reclamar entonces ningún derecho sobre mí mismo, este conocimiento, esta voluntad, estos afectos. Tampoco tengo derecho sobre este cuerpo o cualquiera de sus miembros, ningún derecho sobre esta lengua, estas manos, estos pies, estos ojos, estos oídos. ¡Me quito yo y me doy a mi mismo a Dios!”.

¡Oh, sí conocieras el gozo de darte a ti mismo! Tu n o podrías mantenerte a ti mismo. Este día prueba y dáselo todo a Él. Reposen en sus manos pequeños hijos, escribe en tu mano: “-Yo soy del Señor-!

Autor: Robert Murray

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