LA MUJER APRENDA EN SILENCIO

la mujer aprenda en silencio

Si hay un tema controversial para la mujer cristiana, es si puede o no ejercer el pastorado.

Esta postura llega con tintes de una época feminista, un período de empoderamiento, “¡Abajo el patriarcado!” “Lenguaje inclusive para todes”.

Una sociedad femenina que buscaba la igualdad en derechos, como poder votar, poder trabajar de pronto se transformó ya no en la búsqueda de una igualdad, sino en una superación de poder, de derechos, de libertades.

La feministas clásicas querían estar a la par con los hombres, querían tener voz, querían poder ganar su propio sustento, buscaban que se les respetara como una persona, no como un objeto. Lamentablemente, ahora esta sociedad feminista radical se convirtió en lo que tanto rechazaban.

Este nuevo grupo de radicales busca estar por encima del hombre, busca tener la misma libertad para la promiscuidad, quieren tener el mismo derecho de exponer sus cuerpos sin ser censuradas, porque si el pecho del hombre puede estar descubierto, entonces el de la mujer también.

¿En qué momento la mujer perdió el sentido de delicadeza y belleza? ¿El sentido del pudor? ¿En qué momento se sintió tan agredida por el hombre que decidió no solo defenderse, sino también agredirlo?

Un movimiento similar pasa con las mujeres cristianas que toman el pastorado. Aclaro que no me refiero al descontrol con que vemos a las radicales del mundo, sino al querer estar por encima de su esposo, tomando un liderazgo pastoral y minimizando la figura que debería de representar la cabeza de la familia como lo indica 1 Cor. 11:3 “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”. Este pasaje es clave para la comprensión de que la cabeza es la representación de la comunicación de vida y no debe ser opacado por la esposa.

Antes de seguir en materia, me gustaría hacer una aclaración. No dudo, que Dios en el momento en que Él lo considere necesario levante a una mujer al pastorado. Nunca me atrevería a limitar a Dios, porque hemos visto en las Escrituras que lo hizo con Débora. Pero este tipo de levantamientos, están bajo la supervisión masculina, como el caso de Alejandra con los Macabeos, quien estaba asesorada por los fariseos. En el caso de Débora, Dios la llamó porque no hubo varón a quién levantar y no fue pastora, sino juez y profetisa.

En el mundo Bíblico, el liderazgo siempre recae en los hombres, lo vemos en la elección de los Doce Apóstoles, en la elección de Reyes, de Sacerdotes, de Profetas. ¿Es esto cuestión de patriarcado? No, por supuesto que no. Es una decisión muy sabia de nuestro Dios, Él ha indicado quién es la cabeza de quién. Nos ha creado diferentes y dentro de estas diferencias se encuentran las emociones.

Las mujeres somos seres creados con un sentido de protección muy maternal, por algo somos quienes llevan el embarazo, alimentan a los hijos (lactancia), somos físicamente más débiles, somos más delicadas y con un sentido de cuidado al resaltar la belleza y esto en ningún momento es menos digno, simplemente es diferente y eso está bien. Nosotras tenemos alcances que el hombre no podrá llegar a tener y eso, también está bien.

Desde la creación, se nos ha asignado un rol distinto, pero no inferior. “Varón y hembra los creó” (Gén. 1:27): Somos iguales en inteligencia, en dignidad, somos igualmente amados por Dios, Adán fue creado del barro, siendo así la creación perfecta y sin embargo, de una parte ya perfecta, Dios nos creó a nosotras, es más, nuestro nombre original es “varona”.

Somos un complemento ideal, es decir…que la creación perfecta que es el hombre, necesitaba un complemento perfecto, y eso somos nosotras. Dios nos ama igual, pero no nos llama a hacer lo mismo.

Por esa razón, nuestra cabeza es el hombre y debemos respetarle. Lamentablemente vemos a pastoras lanzándose al estrellato y dejan minimizados a sus maridos y en esos casos se altera totalmente la estructura que Dios designó. La Biblia manda a que nos sujetemos a nuestros varones, y la sujeción no tiene necesariamente que significar ser “agachadas o dejadas”, mucho menos significa esclavitud, sino dejar de crear oposición, dejar la necesidad de ponerse por encima de.

Además, el varón también tiene que estar sujeto a su autoridad, que es Cristo. No olvidemos que Dios también manda al hombre a sujetarse a su mujer, a cuidarla, a amarla y a proveer para ella.

Este movimiento liberal se ha infiltrado en nuestras iglesias, y las mujeres toman como ejemplos a Priscila, a Huldá, a Débora….pero recordemos que aunque ellas lideraron algún ministerio o incluso un pueblo, nunca ejercieron como pastoras. Debemos aclarar que no es lo mismo ser maestra a ser pastora. Nuevamente, la mujer ha sido creada naturalmente para instruir.

Hay una controversia con ciertos versículos que son tildados como machistas, queriendo generar cierto rechazo a ellos para entonces escudarse y decir: “Vamos contra ese machismo, vamos a predicar”. De los cuales mencionaré el siguiente:

1 Corintios 14:34 “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice”. Esto no es un llamado a que la mujer no pronuncie palabra alguna. Es un llamado de atención a que no interrumpan en la predicación. Contextualmente, Pablo hace la exhortación específica a esas mujeres en Corinto que hablaban entre ellas interrumpiendo el servicio.

Debemos de aceptar nuestras diferencias físicas con amor. Dios tiene un orden para todas las cosas, en ese orden estamos incluidas nosotras y tenemos que atenernos a ese rol que Dios nos ha designado. Y dentro de este mismo rol, Dios nos va a utilizar y nos hará servir de ejemplo para otras hermanas. Tenemos como ejemplo a Esther, Miriam, Abigail, Ana, que fueron utilizadas por Dios para lograr grandes hazañas, y ninguna de ellas tuvo que vestirse como hombre o fingir ser un hombre y mucho menos humillar a uno.

Ellas utilizaron su delicadeza, su femineidad para lograr los propósitos de Dios, y ninguna de ellas lo hizo desde un púlpito. Vemos incluso a Rahab, que a pesar de la profesión de prostituta, Dios la levantó, la transformó y ahora está en el linaje de Jesús.

Aprendamos a someternos a nuestras cabezas. Dios nos dará un llamado, y ese llamado nunca estará en oposición a Su Palabra. Amemos y respetemos al hombre, porque de esa costilla fuimos creadas, de esa costilla fuimos llamadas “varonas”.

Autora: Priscila Fonseca.

*Revisión por Jorge Carrillo

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