¿POR QUÉ DEBEMOS IR A CRISTO?

por qué debemos ir a Cristo

“Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Para creer, debe haber una convicción clara de pecado, y de los méritos de la sangre de Cristo, y del deseo de Cristo para salvar bajo esta consideración, esto es, que usted es un pecador.

Cuando venimos a Dios, no debemos traer nada sino a Cristo con nosotros.

Cualesquiera ingredientes, o cualesquiera calificaciones previas de lo nuestro, envenenarán y corromperá la fe.

Creer es la cosa más maravillosa en el mundo. Poniendo algo de lo suyo, ya lo arruina.

Cristo ni se prestará para mirar como algo que sirva para creer. Cuando usted cree y viene a Cristo, usted debe dejar detrás de usted mismo su propia justicia, y traer nada sino solo su pecado: (¡Oh, cuán duro es!) dejar detrás toda su santidad, santificación, deberes, miserias, o de otro modo Cristo no es apto para usted, ni usted para Cristo.

Cristo será un Redentor puro y Mediador, y usted debe ser un pecador deshecho, o Cristo y usted nunca podrán estar de acuerdo.

Desde aquí vea la naturaleza de la fe: es un venir tal como somos: pobres, estropeados, cojos, ciegos, y desnudos tal como somos, sin dilación y sin espera, para tener mejor calificaciones, las cuales nunca las tendremos hasta que venimos a Cristo por ellas.

Cualquier cosa que entra cuando usted va a Dios para la aceptación aparte de Cristo, llámelo anticristo; échelo fuera; haga solamente la justicia de Cristo triunfante. Todo lo demás es Babilonia, la cual tiene que caer para que Cristo permanezca, y usted se regocijará en el día de su caída, Isa. 14:4. Sólo Cristo ha pisado el lagar, y ninguno más estaba con Él, Isa. 63:3.

Si une o agrega algo a Cristo, Él lo hollará con furor e ira, y manchará Sus vestidos con la sangre extraña.

Usted debe tomar todo de la mano de Dios. Cristo es el regalo de Dios, Juan 4: 10. La fe es el regalo de Dios, Ef. 2:8. El perdón, un regalo gratuito, Isa. 45:22.

Ah, como la naturaleza pecaminosa hace tormenta, se agita, se enfurece por esto, que todo es un regalo y no puede comprar nada con sus obras, sus hechos, lágrimas y deberes, que todo el hacer está excluido, y de ningún valor en el cielo.

Usted dice que no puede creer, no puede arrepentirse. Vaya a Cristo con toda su impenitencia e incredulidad, para recibir la fe y el arrepentimiento de Él; eso es glorioso. Diga a Cristo,

“Señor, no traje justicia, ni gracia por medio de la cual pueda ser aceptado, o justificado: Vengo por Ti, y debo tenerte.”

Usted puede ser traído bajo, aún al borde del infierno, listo para tambalearse dentro; usted no puede ser traído más bajo que el seno del infierno. Aún allí usted puede mirar hacia el templo santo, Jonás 2:4. A ese templo nadie puede entrar pero los que son purificados, y con una ofrenda también, Hechos 21:26.

Pero ahora Cristo es nuestro templo, sacrificio, altar, sumo sacerdote, a quien nadie debe venir pero los pecadores, y eso sin ninguna ofrenda, pero Su propia sangre una vez ofrecida, Hebreos 7:27.

¡Pecador desesperado! Mire a su mano derecha y a su izquierda, diciendo, “¿Quién nos mostrará algo bueno?”

Usted está tambaleándose en todas sus responsabilidades y profesiones para parchar una justicia para que lo salve. Vea a Cristo ahora; mire a Él y sea salvo todos los términos de la tierra. No hay otro más. Él es el Salvador, y no hay otro fuera de Él, Isa. 45:21,22.

Mire a cualquier otro lugar y usted queda deshecho. Dios no mirará a nadie más que Cristo, y usted no debería mirar a nadie más.

Cristo fue levantado arriba, como la serpiente de bronce en el desierto, para que los pecadores de todos los confines de la tierra, aún de grandes distancias, puedan ver a Él y mirar hacia Él. La más pequeña vista de ti será salvadora, el toque más pequeño será sanador para usted.

Dios quiere que usted lo contemple a Él, porque Él lo ha puesto sobre un trono alto de gloria, en la vista abierta de todos los pobres pecadores que lo desean a Él. Usted tiene la razón infinita para contemplarle a Él, ninguna razón de quitar su vista de Él: porque Él es manso y humilde de corazón, Mateo 11:29.

Él es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo,” Juan 1:29. Él ha bebido la copa más amarga y ha dejado la dulce; la condenación es removida. Cristo bebió toda la ira del Padre de una vez; y nada pero salvación quedó para usted, Lucas 13:33,34.

¡Vea que la herida que el pecado ha hecho en su alma es curada perfectamente por la sangre de Cristo! no cubierto superficialmente con deberes, humillaciones y extensiones.

Aplique todo lo que quiera en lugar de la sangre de Cristo, y envenenará la herida. Usted descubrirá que el pecado nunca fue mortificado verdaderamente, si usted no ha visto a Cristo derramar su sangre por usted en la cruz. Nada puede matar al pecado, sino solo el mirar a la justicia de Cristo.

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