EL PELIGRO DE VIVIR SIN PERSECUCIÓN

El peligro de no sufrir persecución

Nota: El post es adaptado de una sesión de Preguntas y Respuestas en Iglesia Grace de inicios de los 1990s. Aunque los acontecimientos mundiales eran diferentes en aquel entonces, la preocupación primaria expresada aquí es todavía muy relevante para hoy.

Pregunta: ¿Cómo explicamos la anomalía, que la iglesia esté viva y en crecimiento en países comunistas, y que la iglesia evangélica está casi completamente muerta donde la democracia ha dominado?

Respuesta:

Un detalle incidental notable a los cambios políticos asombrosos que han rehecho a nuestro mundo en los meses recientes es el surgimiento de un Cristianismo vibrante desde atrás de la Cortina de Hierro. Por todo el bloque comunista, donde el ateísmo era dogma oficial por medio siglo, la iglesia crecía y esta viva.

Personalmente he visto evidencia incluso en China de que la iglesia allí prospera – si bien en la mayoría de los casos ha sido forzada clandestinamente.

Por contraste, en “la libre” Europa, donde la democracia ha dominado, la iglesia evangélica está casi completamente muerta. El Cristianismo bíblico ha dejado de ser una fuerza importante. El ateísmo y el humanismo han prevalecido.

La política pública es gobernada casi completamente por filosofías que son intolerantes a y incluso hostiles a la verdad de la Escritura.

Ocurre en Estados Unidos, también.

¿Cómo explicamos esta anomalía? ¿Esta nuestra “libertad” ayudando a perjudicando a la iglesia?

No estoy realmente a favor del totalitarianismo. Pero nosotros quienes vivimos en sociedades libres necesitamos comprender los peligros inherentes en el sistema que nos da nuestra libertad.

Es más que una curiosidad que la iglesia haya alcanzado éxito detrás de la cortina de hierro mientras muere en el occidente. Las razones son claras. Careciendo de cualquier amenaza externa visible a nuestra fe, nosotros en un mundo libre que ha perdido cualquier sentido de sutileza del enemigo y cómo él ataca. Nos hemos vuelto descuidados y apáticos. Nos hemos vuelto preocupados más con nuestra comodidad y nuestro bienestar que con el mandamiento de Cristo que deberíamos seguir Sus pasos.

El cómo pudo ocurrir tal cosa no es gran misterio – especialmente para aquellos que han vivido para Cristo bajo persecución comunista. Allí, el costo de seguir a Cristo es comprendido desde el principio. Las conversiones vacías son inconcebibles en una sociedad donde la identificación con El Salvador le puede costar su trabajo, su familia, su libertad – incluso su vida.

Nuestra cultura, por otra parte, le ha abierto paso a una marca de Cristianismo donde el tratar sobre el tomar la cruz es opcional – o incluso impropio. Ciertamente, muchos miembros de la iglesia en el mundo Occidental suponen que pueden servir mejor a Dios siendo no-confrontativos a su mundo como sea posible.

Habiendo absorbido los valores del mundo, el Cristianismo en nuestra sociedad hoy se está muriendo. Sutilmente pero seguramente la experiencia del mundo y la auto indulgencia corroen gradualmente el corazón de la iglesia.

El evangelio que proclamamos es tan complejo que ofrece creer en Cristo como nada más que un medio para la satisfacción y la prosperidad. La ofensa de la cruz (cf. Gal. 5:11) ha sido sistemáticamente removida a fin de que el mensaje pueda ser hecho más aceptables a los incrédulos. La iglesia en cierta forma obtuvo la idea de que podría declarar paz con los enemigos de Dios.

Esa clase de cosas pueden ocurrir sólo en una sociedad libre.

Déjeme compartir con usted una carta recibida recientemente:

Estimado Hermano John:

Leí su artículo “Tendencias Mortales del Cristianismo Popular” (enero /feb 90) y siento mucho decirlo, pero estoy de acuerdo con usted cien por ciento. Hasta 1980, viví en Rumanía, siendo expuesto diariamente a la persecución, las mofas, los insultos, etc.

Vengo a este país considerado por mí con una elevada espiritualidad, con tantas iglesias cristianas, actividades, radio, TV, etc., Para encontrar lo que llamo “Cristianismo fácil”.

Entendí que si hablo fuerte, las personas en la iglesia no les gustará escuchar y seré acusado acerca de ser divisivo. Esto para mí no me sorprende, porque nosotros en realidad vivimos los últimos días.

Es triste cuando usted ve lo que está sucediendo aquí en los Estados Unidos, mientras en aquellos países opuestos la vida espiritual realmente está por los suelos. De esta manera, si el Señor no regresa dentro de los siguientes diez años, no estaría sorprendido si Europa del Este y la Unión Soviética enviarán a sus misioneros aquí a los Estados.

También escribo para expresar mi frustración también. Estoy en una iglesia que por los últimos tres y medio años se ha reunido en un edificio alquilado. De repente el edificio fue ofrecido en venta. ¿Cuál fue la decisión de los ancianos de esta iglesia, después de “consultar” a través análisis, debates personales, debate colectivo con setenta personas (el tamaño de la iglesia)?

Disolver la iglesia porque dijeron treinta y tres por ciento del anteriormente citado número quiso mudarse a diferentes iglesias porque la nuestra no se ocupó de “sus problemas, sus necesidades, sus daños, sus decepciones” – exactamente lo que usted dijo.

Me vuelvo a ver hacia Rumanía, asombrado por escuchar que 200,000 personas se arrodillaron en el centro de la ciudad de Timisoara (la ciudad donde el levantamiento empezó) clamaron, “Dios está con nosotros” y repetían después de que un hombre cristiano oraba “Padre nuestro,” el cuál ya no se volvió a mencionar públicamente puesto que los comunistas asumieron el control de ese país.

Simplemente un ejemplo: En la capital de Bucarest mi anterior iglesia tiene casi 1000 miembros en un edificio pequeño donde sólo 300 personas pueden apenas caber, muchas de ellas estando de pie los domingos por la mañana por tres horas, en la noche del domingo dos horas, la noche del jueves dos horas, etc. Y aquí en los Estados Unidos las personas decidieron disolver una iglesia que creer en la Biblia. Casi no lo puedo creer.

La misma semana que obtuve esta carta, un científico soviético principal – un creyente – fue un invitado a nuestra iglesia. Él me dijo que él rutinariamente enseña ciencia de la creación a sus estudiantes en Rusia y nunca ha encontrado ninguna oposición. El estaba asombrado al descubrir que los maestros de Estados Unidos se les prohíbe por ley enseñar cualquier cosa solo la teoría evolucionista. Eso al menos debería desafiar nuestra noción de lo que constituye la verdadera libertad.

Europa occidental, dónde la Reforma Protestante nació, se ha convertido en el campo misionero más necesitado del mundo. La realidad horrible es que con la Cortina de Hierro ahora desparecida, las naciones comunistas, no las libres, ofrecen la máxima esperanza espiritual para Europa.

Entretanto, si la iglesia en América no regresa al Cristianismo bíblico, pronto veremos el fin de nuestra influencia por Cristo igualmente. No está realmente distante imaginar que diez años por lo tanto, los misioneros de Rumanía podrían evangelizar América.

A todo el mundo le asombra ver qué tan rápidamente el rostro del mundo moderno cambia. Lo que pocos cristianos parecen darse cuenta es cómo terriblemente rápido la iglesia esta declinando al mismo tiempo. En lo que alguna vez podrían ser los grandes días de oportunidad misionera, muchos de la iglesia han sido atrapados inconscientemente.

Debemos despertarnos. La guerra fría puede acabarse, pero la batalla espiritual toma fuerza. No podemos permitirnos el lujo de ser indiferentes. No podemos continuar nuestra búsqueda alocada de placer y autosatisfacción. Nos sentimos llamados a oponernos a una batalla espiritual, y no podemos ganar aliviando al enemigo. Un mundo necesitado necesita ser confrontado con el mensaje de la salvación, y puede haber poco tiempo disponible. Como Pablo escribió a la iglesia en Roma:

“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.” (13:11-12).

Autor: John MacArthur.

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