ACLARANDO EL CALVINISMO PARTE 4: NO SIEMPRE FUI CALVINISTA

la soberanía de Dios

Aquí hay una recomendación para ti: Si usted es alguien que es resistente al calvinismo, o que usted no siente completamente comprender mucho acerca de esto, y usted quiere una sola y simple visión general de la sustancia y la historia del calvinismo, le di un mensaje a nuestros estudiantes de universidad casi dos años atrás titulado “La Historia del calvinismo,” donde me esmeré en cubrir toda la base en un solo disparo. Está en el Internet con el resto de mis sermones, y usted puede descargarlo gratis. 

En ese mensaje, expliqué que no siempre he sido un calvinista. Crecí en una familia que habían sido metodistas Wesleyanos por generaciones – y aun después de que me convertí en un cristiano, pasaron varios años antes de que finalmente llegase al punto en donde podría afirmar la doctrina bíblica de la elección sin tratarla de explicar.

Una de las cosas que primero me pusieron a pensar seriamente acerca de la soberanía de Dios fue un incidente en una clase de escuela dominical de la universidad, en una Iglesia Bautista Sureña, en Durant, OK, donde tuve a un maestro de escuela dominical que odiaba el calvinismo con una pasión y no desperdiciaba ninguna oportunidad para argumentar en contra de la soberanía de Dios. Y su énfasis continuo en el tema me puso a pensar mucho acerca de eso.

Luego un domingo, mientras este tipo tomaba peticiones de oración, una chica en la clase levantó su mano y preguntó: “¿Deberíamos orar nosotros en realidad por nuestros parientes perdidos?” Pareciera que es un desperdicio de esfuerzo pedirle a Dios su salvación si Él no puede hacer más de lo que Él ya ha hecho para salvarlos”.

Lúcidamente recuerdo la apariencia en la cara de este maestro de escuela dominical. Ésta fue claramente una pregunta que nunca se le había ocurrido. Así es que él pensó acerca de eso por un momento, y usted podría verle dándole vueltas a su cabeza cambiando de dirección mientras él intentaba pensar en una buena razón para orar por la salvación del perdido. Y finalmente, él dijo, “pues bien, bravo, creo que usted está en lo correcto.” Desde ese domingo en adelante, él nunca aceptó más peticiones de oración por los seres queridos perdidos de las personas.

Eso justamente no me pareció muy correcto para mí. Justamente había hecho un estudio de la Biblia sobre Romanos 10:1, donde Pablo dice: “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.” Es más, comencé a preguntarme por qué deberíamos orar acerca de cualquier cosa en el área de las relaciones humanas si Dios nunca se entromete en la santidad del libre albedrío humano. Usted sabe: ¿Por qué debería orar para que Dios mueva a mi maestra de inglés a mirar con buenos ojos mi trabajo cuando ella califica mi trabajo si ella es finalmente soberana sobre su corazón? Esas fueron preguntas que no podría contestar, y yo en realidad luché contra preguntas como esas.

Pero entre más estudié la Biblia, más parecía desafiar mis ideas acerca del libre albedrío y la soberanía de Dios. Una por una durante un período de más de 10 años, las doctrinas de la elección, y la soberanía de Dios, y la depravación total de los pecadores se hicieron cada vez más evidentes para mí desde la Escritura.

Cada vez que uno de mis argumentos en contra de las doctrinas calvinistas se van a pique, y que yo abrace alguna doctrina que esta desesperadamente tratando de argumentar, nunca me siento como si experimentara algún cambio radical muy importante. Parecía más bien como si estuviera resolviendo un conflicto continuo en mi mente. Porque me mantuve descubriendo que las ideas principales subyacentes a las doctrinas de la gracia son verdades que siempre había afirmado: Dios es soberano, Cristo murió por mí, Dios me amó antes de que le amase, Él me buscó y me llamó e inició mi reconciliación mientras aún era Su enemigo. Esas fueron verdades que creía aún cuando fui un arminiano vulgar.

Aceptar el Calvinismo fue natural – porque todo lo que estaba haciendo era librar mi mente de ideas equivocadas y de mis suposiciones defectuosas acerca del libre albedrío humano y otras nociones semejantes, las cuales no se enseñan en la Biblia – así que puedo afirmar de todo corazón lo que yo en realidad creí de cualquier manera: Que Dios es Dios, y El hace todo por Su buen placer, y nadie le puede hacer actuar de otra manera, y El está en control y a cargo no importa cuanto ruido traten de hacer los malhechores. Y no sólo Él está a cargo, Él hace todas las cosas para mi bien y para Su gloria.

Parte 3

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