ACLARANDO EL CALVINISMO PARTE 6: PORQUE ÉL NOS AMÓ PRIMERO

El calvinismo es bíblico

Nota: Este texto profundo es una declaración clara acerca del poder soberano del amor de Dios. Es una lección acerca de la soberanía del propósito salvador de Dios. Es una celebración de la gloria del amor soberano.

El versículo, a pesar de su brevedad, también resulta ser increíble y significativamente rico. Mírelo de cerca y usted verá al menos cinco grandes lecciones doctrinales que este versículo nos enseña. Hoy, consideraremos dos de ellas; luego miraremos las otras tres en la parte 7.

Primero, el texto nos enseña acerca de:

1. LA PERVERSIDAD DE NUESTRO ESTADO CAÍDO

En otras palabras, nos subraya qué tan malo es nuestro pecado, y qué tan profundamente infectados estamos de tendencias pecaminosas.

Piense conmigo por un momento acerca de las implicaciones de esa frase al final: “Él nos amó primero”. En otras palabras, hubo un tiempo cuando no le amábamos. Esa es la misma esencia de la depravación, ¿no es así?–Un fracaso de amar a Dios como deberíamos. Nada es más completa y totalmente depravado que un corazón falto de amor hacia Dios. Romanos 8:7-8 dice: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”.

Esto describe a un estado desesperado de incapacidad absoluta para amar a Dios, para obedecer Sus mandamientos, o para complacerle. Ese es el estado de todos aquellos cuyos corazones no han sido renovados por Cristo.

Ésta es una expresión en particular patética originándose del apóstol Juan – quién en su evangelio se refiere a sí mismo repetidamente como “aquel discípulo que Jesús amó”. Note: En la propia mente de Juan, el amor de Jesús por él definió completamente quién era él.

¿Por qué tal característica prominente estaba en el pensamiento de Juan? Creo que él nos da una pista aquí mismo en nuestro versículo. La razón por la que él estaba tan consternado con el amor de Cristo por con él es que él sabía que el amor era completamente inmerecido. Él estaba muy al tanto de su pecado. Tan asombrado como estaba Juan con el amor de Cristo por él, él debía de haber estado igualmente asombrado ante la idea de que su propio corazón alguna había estado carente de algún amor por el Único quien es todo amor. ¿Cómo puede el corazón humano ser tan frío para el Único que es digno de nuestro amor? Alguien que verdaderamente aprecia la gloria del amor de Cristo, como Juan, estará consternado y horrorizado ante la comprensión de que nuestros propios corazones no le aman como deberían amarlo. El conocimiento de cuan perfectamente Él nos ama produce tal sentido de una completa falta de mérito, ¿no es así?

Usted puede ver esto vívidamente, aún al final de la vida de Juan, cuándo él tiene una visión del Cristo resucitado en Apocalipsis 1, y él escribe en Apocalipsis 1:17, “y cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. Él literalmente cayó en un coma, porque esta visión del Cristo glorificado le golpeó duramente con algo semejante a un sentido abrumador de su pecado. Y en una respuesta casi involuntaria, él se desplomó sobre su rostro en un desmayo por el miedo. Y allí él yació hasta que Jesús “puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas”.

Esa misma conciencia abrumadora de pecado y vergüenza se sobreentiende según las palabras de nuestro versículo: “le amamos, porque él nos amó primero”. Somos tan completa y totalmente depravados que si Dios Mismo no nos amó con un amor redentor, nunca le habríamos amado en absoluto. Si eso no le llena de una conciencia de su propio pecado – si no le impacta con una comprensión severa de la dureza impenetrable del corazón humano caído – entonces usted necesita meditar en ello un poco más.

Espero que usted pueda ver cómo evidentemente y enérgicamente subraya este versículo la misma esencia de la depravación humana. No hay nada más desesperadamente malvado que un corazón que deja de amar a Dios. No hay nada más ciego e irracional y pecaminoso que no amar a Alguien tan digno de nuestro amor. No deberíamos necesitar ningún motivo de amarle aparte de la pura gloria de Su ser perfecto. ¡Y aun así, no le amaríamos en absoluto si él primero no nos hubiera amado!

Recuerde, éste es el primer y gran mandamiento (Mateo 22:37): “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Toda la ley de Dios está resumida en esta simple regla. Quebrantar ese mandato es fracasar en cada punto de la ley. No hay nada más completo y totalmente perverso.

Y aún, nuestro versículo nos recuerda que somos tan desesperadamente y totalmente perversos que ni uno de nosotros alguna vez verdaderamente podría amar a Dios a menos que Dios Mismo nos permitiese hacer eso. Esa es la doctrina de la depravación total en resumidas cuentas. Quiere decir que somos completamente incapaces de salvarnos. Tenemos una incapacidad moral debilitante que hace que nuestro amor para con Él sea una imposibilidad absoluta hasta que Él intervenga para darnos la capacidad para amarle.

No podemos por pura fuerza de voluntad de hacer que nuestros corazones le amen, porque como criaturas caídas que somos, amamos tanto nuestro pecado y nuestra rebelión que nuestros deseos están torcidos. Nuestros afectos están torcidos y desesperadamente corruptos. Y somos impotentes para cambiarnos a nosotros mismos. “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” (Jeremías 13:23). “Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente” (Isaías 1:5). “Engañoso es el corazón [no-regenerado] mas que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).

Nuestros corazones están envenenados por el pecado, y por esto es que no amamos y no podemos amar a Dios por nosotros mismos. Eso es precisamente lo que queremos decir cuándo hablamos de la depravación total. No es que nosotros somos tan malos como posiblemente podríamos ser, sino que ese mal nos ha infectado completamente – en cada parte de nuestra alma – a fin de que seamos incapaces de tener deseos justos y motivos santos y afectos de amor hacia Dios.

Algunos teólogos prefieren la expresión incapacidad total, en lugar de depravación total. Pero la verdad es que es lo mismo – y espero que usted pueda ver cómo se sobreentiende en este texto. Los arminianos, si son verdaderos arminianos, y no pelagianos en toda la extensión de la palabra, realmente afirman esa verdad.

Así que esa es la primera doctrina enseñada por este versículo: La perversidad de nuestro estado caído. Aquí hay una segunda:

2. LA PRIORIDAD DE LA ELECCIÓN DE DIOS

Él nos amó primero. Eso es exactamente lo que este versículo dice. También es la esencia de todo lo que la doctrina de elección enseña. El amor de Dios hacia nosotros precede a cualquier movimiento de nosotros hacia Dios. Aún los arminianos afirman mucho de la doctrina de la Elección. Dios nos amó primero.

El apóstol Juan realmente hace eco de algo que Jesús una vez le dijo a él. Aquella noche antes de la crucifixión, cuando los discípulos estaban solos junto con Jesús, después de que comieron la comida de la Pascua juntos en el Aposento, Jesús les dijo a ellos (Juan 15:16), “no me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”.

Ahora, Juan y los demás apóstoles podrían haber protestado, “Pero eso no es cierto, Señor; nosotros te escogimos”. Después de todo, habían dejado todo para seguirle. Pedro dijo entonces explícitamente en Marcos 10:28: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido”. Habían hecho una elección consciente y deliberada para abandonar sus vidas anteriores, sus seres queridos, sus sustentos, y todo lo que tenían – para seguir a Cristo. Ciertamente habían elegido dedicar sus vidas a seguirle. Y en el caso de Juan y su hermano Santiago, entregar su sustento significó entregar a su negocio familiar de la pesca, lo cual a todas luces era un negocio lucrativo para ellos.

Juan mismo había conocido a Jesús mientras Juan estaba bajo el discipulado de Juan el Bautista. Tan pronto como él y Andrés tuvieron por entendido que Juan el Bautista señalaba a Jesús como el Mesías prometido, dejaron a Juan el Bautista para seguir a Jesús. En un sentido muy verdadero, ellos escogieron a Jesús. Pero ¿qué quiso decir Jesús cuando dijo: “no me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”?

Él quiso decir simplemente que ya sea que se hubiesen dado cuenta de eso o no, Él los había escogido primero. Su elección fue la decisiva. Nunca le habrían escogido en absoluto si primero Él primero no los hubiese escogido a ellos. Le amaron porque Él los amó primero.

Aún si usted es un arminiano devoto, usted implícitamente afirma esta verdad. Usted lo admite cada vez que usted le da las gracias por salvarlo. Usted sabe que en su corazón usted no puede tomar un crédito personal por su amor hacia Dios. Usted no le amó primero; le amamos, porque Él nos amó primero. Usted y yo no somos mejores que las personas incrédulas que aún lo odian o lo rechazan. La única razón de porque le amamos mientras que ellos permanecen en enemistad con Dios es que la gracia amorosa de Dios ha hecho un milagro en nuestros corazones para permitirnos corresponder a Su amor.

Primera Corintios 4:7 pregunta: “¿Quien te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” No piense por un momento que usted puede atribuirse el mérito de su amor hacia Cristo. Si usted le ama en absoluto, es sólo porque Él primero le amó. Esa es la misma esencia de la doctrina de la elección.

“Le amamos, porque él nos amó primero”. En otras palabras, Dios tomó la iniciativa en la salvación. Una de los puntos que Roger Olson hace en aquel libro al que me referí es que los arminianos históricos e informados afirman esa verdad. Dios es tanto el Autor y el Consumador de nuestra fe. Él inició el proceso. Su amor para con nosotros no sólo antecedió a cualquier amor que tuviésemos hacia Él; sino que Su amor es lo que asegura nuestro amor para con Él. Eso es exactamente lo qué este texto dice.

Autor: Phil Johnson.

Parte 5

Parte 7

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